El cambio climático y los riesgos emergentes en Seguridad Alimentaria: hacia un enfoque interdisciplinar

El cambio climático y los riesgos emergentes en Seguridad Alimentaria: hacia un enfoque interdisciplinar

CNTA estuvo presente el pasado 8 de octubre en la sesión virtual informativa de la EFSA Climate change as a driver of emerging risks for food and feed safety, plant, animal health and nutritional quality. En este evento se destacó la necesidad de cooperación entre profesionales de la Seguridad Alimentaria y los organismos de control, además de la implementación de tecnologías emergentes, para mejorar la capacidad de anticipación a los nuevos peligros en la cadena alimentaria.

 

Autoras: Cristina Garrido, responsible de Seguridad Alimentaria y Formación de CNTA; Lorena de la Fuente, técnica de Seguridad Alimentaria y Formación de CNTA; y Cristina Sáenz, técnica de la Unidad de Innovación de CNTA.
cgarrido@cnta.es
ldelafuente@cnta.es
csaenz@cnta.es

 

Hablar de peligros emergentes en material de Seguridad Alimentaria es hablar de anticipación, de complejidad, de cooperación y, cómo no, también de tecnología. Así se puso de manifiesto en este evento virtual organizado por la EFSA. En él desgranaron algunas de las claves del trabajo llevado a cabo en el Proyecto CLEFSA, cuyo objetivo ha sido mostrar una aproximación a los principales riesgos emergentes en Seguridad Alimentaria asociados al cambio climático.

Para ello, la sesión se desarrolló en varias partes. Una general, en la que se incidió en la importancia que tiene el clima en el impacto y la probabilidad de aparición de determinados riesgos para los alimentos; y una serie de reuniones temáticas en las que se abordaron riesgos específicos.

 

El Proyecto CLEFSA: incertidumbre alta y necesidad de coordinación
De cara al proyecto CLEFSA se han evaluado 129 riesgos relacionados con salud animal, peligros biológicos, sanidad vegetal, contaminantes y peligros nutricionales.

En dicha evaluación se han considerado dos periodos: el de referencia con los datos conocidos de 1981 a 2010; y el de futuro con las perspectivas de 2021 a 2050. En cada uno de ellos se han considerado las variables climáticas y los eventos extremos, como los periodos de sequía o inundaciones, entre otros.

En todo este proceso se destacó la relevancia de la participación y la colaboración de expertos de diferentes campos que puedan aportar información y diferentes puntos de vista, ya que, como se subrayó en bastantes ocasiones, se trabaja con una incertidumbre muy alta. Y una forma de minimizarla es aumentar el número de aportaciones.

 

El turismo y la movilidad condicionan los peligros biológicos
En lo que respecta a las reuniones temática, surgieron algunas reflexiones para tener en cuenta. Una de las más destacables fue la relación directa entre la movilidad de la población –también teniendo en cuenta el turismo- y el impacto que genera esta movilidad en el incremento de peligros biológicos. Este mensaje está centrado en la seguridad alimentaria, pero encaja a la perfección en el contexto actual del COVID-19, cuya expansión a nivel mundial, en especial durante los primeros meses de pandemia, estuvo claramente condicionada por los desplazamientos poblacionales tanto laborales como de ocio.

Más allá de esta reflexión, se destacó también con respecto a los peligros biológicos que las buenas prácticas a lo largo de toda la cadena alimentaria pueden servir para reducir esos riesgos asociados al clima. Se puso como ejemplo la Salmonella, susceptible de generar menos peligro con un adecuado control de las granjas y los procesos de manipulación de carne de aves y productos de huevo. No obstante, también se desgrana de las intervenciones de los ponentes un axioma claro y tajante: el cambio climático puede desencadenar una secuencia de eventos de magnitud significativa con consecuencias para las enfermedades infecciosas.

La alta incertidumbre de los datos que se manejan también afloró en las intervenciones relacionadas con otro de los bloques temáticos: el de los contaminantes. Concretamente se referenció la alta incertidumbre en el caso del impacto del clima en el desarrollo y distribución de microalgas productoras de toxinas como la ciguatoxina. Es necesario ampliar las investigaciones en el caso de este riesgo emergente, que también ha sido recientemente objeto de un completo informe de la FAO.

 

El uso de la Inteligencia Artificial, la siguiente frontera en el camino
Es un hecho que las tecnologías aplicadas a cualquier fase de la producción alimentaria van a generar mejoras y optimizaciones de las que se beneficiará la industria alimentaria. En el caso del control y la seguridad alimentaria, también. Por ello, otro de los puntos remarcables de esta sesión informativa de la EFSA pivotó en torno al uso de la Inteligencia Artificial. Las herramientas basadas en esta tecnología pueden ser muy útiles pata la toma de decisiones por parte de los gestores de riesgo. En ese sentido, aún es necesario cierto desempeño humano para eliminar el “ruido” de los sistemas, pero está claro que las decisiones serán mejores si están basadas en el conocimiento y la información global.

 

Los vectores, más allá de áreas tropicales y subtropicales
Hubo hueco también para argumentar sobre las enfermedades transmitidas por vectores, directamente asociadas a cambios en el clima y cuyas consecuencias van teniendo una importancia creciente a nivel económico y también en la salud, tanto animal como humana. La aparición de estos vectores en países donde antes no existían implica que se trata de un asunto global, ya que no se va a limitar a áreas tropicales y subtropicales.

En ese sentido, surgió como una de las reflexiones finales el auge del concepto One Health, que determina que una buena salud animal y vegetal es imprescindible para que la condición sea igualmente positiva en la salud humana.

La sesión informativa incidió en un mensaje que no por ya conocido deja de ser relevante, y ese no fue otro que la necesidad de alcanzar la máxima anticipación posible en la detección de los riesgos emergentes. El cambio climático ya ha afectado a la transmisión de una amplia gama de enfermedades transmitidas por el agua y por vectores en Europa, y seguirá haciéndolo en las próximas décadas. Los sistemas de alerta temprana podrían interceptar estos riesgos en cascada y, por ello, anticiparse es básico.



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