Hacia el clear label: informar a un consumidor cada vez más exigente de forma clara, atractiva y completa
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En la elaboración de este reportaje han participado los siguientes expertos de CNTA: Estefanía Erro, directora de Marketing; Cristina Garrido, responsable de Seguridad Alimentaria y Formación; Marta Mina, técnica de Seguridad Alimentaria y Formación; Gurutze Miner, técnica de Tecnologías de la Producción; Sergio Rivero, responsable de Plaguicidas; Sandra González, investigadora de I+D+i; y Almudena Martínez, responsable de Físico Químico.

 

Uno de los aspectos clave para la industria alimentaria es la información que ofrece al consumidor acerca sus productos. Las características nutricionales, el origen de las materias primas, la presencia de ingredientes que puedan acarrear intolerancias o alergias… son algunos de los puntos críticos sobre los que informar en la etiqueta. A la par, el consumidor demanda cada vez una información más detallada, se preocupa por comparar y ser más consciente de lo que compra. 2019 ha traído consigo el boom de las apps de escaneo de etiquetas en los lineales. Ante ese consumidor que es consciente e inconformista, el viraje hacia el concepto de clear label o etiqueta clara cobra sentido y supone un reto crucial para la industria. ¿La clave? Ser eficaz y certero mediante el etiquetado y otros canales complementarios y conseguir que los consumidores reciban una información asimilable y, a poder ser, lo más completa posible.

Expertos de CNTA analizan en este artículo de nuestra publicación PANORAMA ALINNOVA cómo puede evolucionar el sector de la alimentación en este trayecto durante 2020, prestando atención a dos ámbitos: uno, el de tecnologías emergentes que permiten desplegar una gran cantidad de información y conectar al consumidor final con el resto de la cadena de suministro. Otro, la perspectiva a nivel legislativo en torno al etiquetado de los alimentos.

 No es exagerado afirmar que el recién acabado 2019 ha sido ‘el año’ de la proliferación de las apps de lectura de etiquetas. Un fenómeno con nombres propios como Yuka, El CoCo o MyRealFood o My HealthWatcher, entre otras, que valoran la idoneidad del producto escaneado estudiando aquellos datos seleccionados por cada app (información nutricional, ingredientes, aditivos, alérgenos o declaraciones saludables, entre otros datos). Su implantación y su impacto entre los usuarios ha sido evidente. El consumidor busca a través de ellas conocer ciertos criterios y cómo son valorados por la app para poder comparar después las diferentes marcas comerciales existentes sobre un mismo producto. Esta información permite al consumidor ajustar su compra a preferencias, valores o estilos de vida predeterminados. Este apogeo, que se prevé tenga continuidad durante 2020 y más allá, pone de manifiesto el grado de exigencia y concienciación del consumidor a la hora de escoger los productos alimentarios de su dieta y, de alguna manera, el hecho de que ese consumidor sentía que no tenía toda la información a su alcance. O, al menos, que no la recibía de forma clara.


El horizonte de Nutri-Score

Las administraciones y la industria llevan muchos años abordando el asunto de la información nutricional en la etiqueta. A nivel normativo, como señala Gurutze Miner, experta en legislación del departamento de Tecnologías de la Producción de CNTA, “la obligatoriedad de incluir la información nutricional en la etiqueta de los productos para consumo alimentario es un hito relativamente reciente en Europa”. Concretamente en el viejo continente este requerimiento data de diciembre de 2016, cuando entró definitivamente en vigor el Reglamento 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor. Mientras tanto, en otros escenarios clave del mercado alimentario, como Estados Unidos, es una forma de actuar ya consolidada desde hace décadas.

En el horizonte de este recién estrenado 2020 está la implantación del sistema de etiquetado frontal Nutri-Score en diversos países europeos, que podrían seguir la estela iniciada por Francia en 2017. Allí, se escogió por parte del Ministerio de Agricultura y Alimentación este sistema como el más adecuado para informar al consumidor de la composición de los alimentos, aunque su uso es voluntario por parte del fabricante. “En España, el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social anunció su implantación a partir de este 2019, pero todavía no se ha dado el paso”, recuerda Gurutze Miner. En este caso, también la industria va unos pasos por delante. A nivel de grandes distribuidores en España, Eroski implantó el sistema en sus artículos en enero de 2019 y la medida se extendió a otra cadena de su grupo, Capabro, meses después. Varias organizaciones de consumidores y asociaciones de nutricionistas de nuestro país se ha posicionado públicamente a favor de su aplicación obligatoria en todo el continente. En Alemania u Holanda, el debate está en ebullición y las autoridades ya se han mostrado proclives a instaurarlo. Se prevé que 2020 sea un año en el que este escenario vaya aclarándose.

“Nutri-Score está contando con el apoyo público de administraciones públicas y asociaciones de consumidores y en España se está pendiente de su implantación”

Pero, ¿por qué este sistema está generando tantas expectativas? Su formato de presentación, siguiendo el esquema de semáforo, es intuitivo y fácilmente comprensible. Pese a esas bondades, Gurutze Miner y Cristina Garrido, responsable del departamento de Seguridad alimentaria y Formación, argumentan que “no es la panacea”. “Es quizás la opción menos mala”, matiza Garrido, quien vuelve a insistir en un mensaje crucial y que debería calar en el consumidor: la utilidad de los sistemas, ya se trate de una simple etiqueta de papel o de un lector digital, va en función del uso comparativo entre productos de características similares. En la otra cara de la moneda, Nutriscore ha tenido también sus detractores. En España, un asunto de amplio debate fue la calificación del aceite de oliva en la parte roja del semáforo según este sistema. Sanidad aclaró que los productos con un solo ingrediente (también la miel, por ejemplo) no lo llevarían en su etiquetado y que el sistema francés se adaptaría a la dieta mediterránea considerando el aceite de oliva con parámetros menos desfavorables. Un ejemplo que muestra cómo los componentes culturales y de idiosincrasia geográfica también importan a la hora de juzgar los alimentos según sus propiedades.

 

Digitalización de la cadena de suministro: en busca del origen
Más allá de la idoneidad de los sistemas, subyace una cuestión que tiene que ver con el progreso tecnológico que la sociedad vive hoy en día. Si hablamos de composición de alimentos, de su proceso productivo, de sus fases de distribución… ¿hasta qué punto será capaz el consumidor de saber cada uno de los pasos que ha implicado la fabricación de su producto final? Ya hemos visto en otros artículos de PANORAMA ALINNOVA el impacto de tecnologías como el blockchain, que empiezan a asomar como un mecanismo de transparencia que mejora además la trazabilidad de los alimentos. Un argumento que también ofrece al consumidor una fuente de información en la que hallar razones para la compra. Para Almudena Martínez, responsable de Físicoquímico de CNTA, la búsqueda del origen “va a ser un factor que los consumidores tendrán muy en cuenta a la hora de tomar decisiones”, conforme la tecnología permita adentrarse en toda la cadena de suministro y ofrecer esos datos. “Como argumento de venta, a futuro será un aspecto que pese más que otros datos relacionados con la información nutricional. Va a ser un buen caballo de batalla”, aventura.

 

“Diversos desarrollos ya están explorando las posibilidades del blockchain a nivel industrial, implementando etiquetas con información sobre trazabilidad y origen a través de códigos QR”

Llegar al origen, como explica Sergio Rivero, será “más sencillo cuanto más homogéneas sean las producciones” en tanto que el control y los sistemas estén más monitorizados. La aplicación del blockchain a nivel industrial está demostrando que es posible generar un sistema de acceso y aporte de información que resalte la trazabilidad. Un ejemplo de este pasado 2019 es la alianza de Carrefour y Nestlé con IBM, quienes, utilizando la plataforma Food Trust de la mencionada empresa informática, ofrecen al comprador toda la información relativa a los procesos de su producto Mouseline con un simple escaneo de código QR. El desarrollo Trusted Traceability, de Siemens, fue expuesto en la pasada Jornada de Transferencia de CNTA y es otro caso de uso de esta tecnología, combinada con el Internet of Things (IoT), aplicada al mundo de la alimentación y las bebidas que pone en valor a todos los actores de la cadena de suministro. También durante 2019, el Centro Tecnológico de Cataluña EURECAT ha impulsado en 2019 un sistema de electrónica impresa y sensores en botellas de vino que permite la monitorización de propiedades y la localización del producto a través de la etiqueta sin necesidad de descorchar. Como señala Marta Mina, del departamento de Seguridad Alimentaria, los desarrollos de esta índole van proliferando y “están llegando para quedarse”. “No está claro si supondrán la solución definitiva a la creciente demanda de información para los consumidores y los actores de la toda la cadena, pero es un hecho que su impulso está presente en la industria”, señala.

“El 1 de abril de 2020 deberán aplicarse en la UE las nuevas disposiciones del RE 1169/2011 con respecto a la indicación del origen de los ingredientes en el etiquetado”

 Paralelamente a los diferentes desarrollos que se dan en la industria, la legislación continúa actualizándose y un paso importante con respecto a la indicación del origen de los ingredientes en el etiquetado se va a vivir en la Unión Europea a partir del 1 de abril de 2020, cuando deberán aplicarse obligatoriamente las nuevas disposiciones en el ya mencionado Reglamento 1169/2011. En concreto, esta modificación se hará mediante el Reglamento de Ejecución (UE) 2018/775, que establece que se indicará el país de origen o el lugar de procedencia del ingrediente primario, es decir, aquel que representa más del 50% o que el consumidor generalmente asocia con el nombre del alimento. De esta manera se busca no inducir a error en productos en los que el ingrediente primario provenga de un lugar diferente a aquel en el que se fabrica el producto.

 

Etiquetado obligatorio… pero también voluntario
La información nutricional obligatoria tiene un papel destacado, como hemos visto, aunque no podemos olvidarnos del etiquetado voluntario, es decir, el que se incluye no por requerimiento sino por voluntad del propio fabricante. Los mensajes en etiqueta del tipo ‘cero azúcares’, ‘bio’ o ‘sin aditivos’ tienen más recorrido y se apoyan en disposiciones legales que indican qué requisitos deben cumplirse en el caso de que la empresa decida utilizar este tipo de declaraciones en su etiquetado. Otras como ‘residuo cero’ o ‘sin aceite de palma’ están irrumpiendo con fuerza desde hace dos años y algunas como ‘sin glutamato’ empiezan a asomar. De cara a 2020 y a los años venideros, los expertos de CNTA coinciden en que este tipo de alegaciones o declaraciones en el etiquetado van a seguir siendo tendencia y argumentan que se inclinarán por mostrar conceptos cada vez más ligados a la producción sostenible y al bienestar animal y, por otro lado, al grado de procesamiento de los alimentos. “La declaración ‘mínimamente procesado’ tiene visos de ganar protagonismo en las etiquetas”, afirma Almudena Martínez. En el aspecto de la sostenibilidad, Marta Mina considera que en el etiquetado de los productos alimentarios cada vez habrá “más referencias a la composición de los envases”, uno de los retos que la industria afronta en consonancia con la creciente preocupación por el medioambiente.

En definitiva, los próximos pasos, tanto de la industria como las administraciones encargadas de la legislación, irán de la mano de la evolución del consumidor. Además, queda patente que la tecnología y al auge digital también han penetrado de lleno en la parcela del etiquetado. Nuevas tecnologías de recogida de datos como el blockchain, junto a recursos como las apps de escaneo, dibujan un futuro de muchas posibilidades para ampliar la información facilitada al consumidor y que no cabe en el espacio de una etiqueta.

El concepto de clear label, del que se habló en la pasada Future FoodTech de Londres, seguirá cobrando fuerza, y se reforzará la idea de una etiqueta clara, atractiva y con información detallada y de impacto. El reto será conectar con un consumidor consciente, que quiere saber lo que come y lo que bebe, y que también ahonda en aspectos como el origen o el bienestar animal, por citar algunos, para tomar sus decisiones de compra. Un escenario que a buen seguro prevalecerá en este 2020 y en torno al que la industria evolucionará para dar respuesta a esas preocupaciones.

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¿Quieres saber más acerca de la situación de Nutriscore y de las posturas públicas que genera su implantación?

¿Te gustaría profundizar en casos de uso de blockchain a través de códigos QR como el de Carrefour?

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